Sherlock Holmes y la aventura de la flor de Navidad

«Sherlock Holmes y la aventura de la flor de Navidad». Ignacio Armada.

Colaboradora Blanca Leonor Armada Kirkpatrick. Ediciones More.

By PacoMan

Hay libros que su llegada a nuestros estantes tiene historia, una historia que merece ser contada[1]. Hoy le toca el turno a la novela de Ignacio J. Armada Manrique: Sherlock Holmes y la aventura de la flor de la Navidad. Un libro que injustamente está pasando desapercibido en los ámbitos holmesianos y con una historia de desencuentros temporales-espaciales con el que esto firma. Fue el blog Meerschaum Pipe, Inverness Cape, Deerstalker Hat y Stradivarius Violin título que por si quedara alguna duda, se acompaña del subtitulo: Novedades y curiosidades sobre Sherlock Holmes que administra el amigo y mejor holmesiano Juan Carlos Fernández Aller, quien el 14 de noviembre de 2019 alertaba de la próxima publicación de este pastiche en Ediciones More. Ediciones More es la editorial de la Asociación Beaconsfield de la que es miembro el autor, que hasta ahora lleva publicados tres libros de viajes de Chesterton y dos novelas ambientadas en la revolución francesa firmadas por el historiador G. Lenotre (Louis Léon Théodore Gosselin). La segunda y última noticia fue el anuncio del 5 de diciembre de Librería Estudio en Escarlata de la presentación de este libro por parte del autor y el incombustible editor Paco Arellano el martes 10 de diciembre de 2019. La posibilidad de recibir un ejemplar dedicado por el autor me decidió a su compra, sin olvidar el efecto positivo de la prescripción implícita que Juan Escarlata (gerente de Librería Estudio Escarlata) y Paco Arrellano están dando al participar en la presentación del libro. Así el 6 de diciembre realicé un pedido de tres libros, el que nos ocupa, la obra de teatro de Santiago Moncada Oscar & Sherlock y el ensayo de Michael Sims Arthur y Sherlock: Conan Doyle y la creación de Holmes. El día 10 de diciembre Juan Escarlata se pone en contacto conmigo para confirmar el nombre que quería que apareciera en la dedicatoria de Ignacio. El 11 realizo la transferencia y el día 12 de diciembre está fechado mi ticket de compra. Y Juan realiza el envío por correo ordinario días después. La gran cantidad de envíos navideños imposibilita que llegue antes del 20 de diciembre, fecha en la que marcho a Barcelona a pasar la navidad con mis octogenarios progenitores y no vuelvo a Málaga hasta el 6 de enero. Al llegar recojo del buzón la nota de entrega de correos fechada el 20 de diciembre. ¡Qué mala suerte! Intento recoger el paquete de todos modos, pero el paquete ya no está en la delegación de correos. Se lo comunico a Juan, ellos todavía no lo han recibido. ¿Inicio de un misterio? Se dio la agradable coincidencia que el sábado 18 de enero iba a estar en Madrid para atender una improvisada reunión de parte de la Tertulia Sherlockiana (o Holmesiana) de Madrid. Aprovechando la oportunidad un elenco de malacitanos y holmesianos de pro ascendimos a la capital del imperio e hicimos una visita a la librería sita en calle Andrés Mellado, 52, Madrid. Para mi desgracia aún no había llegado el paquete devuelto por correos: eh ahí el cuerpo del delito, pensé. Tocaba esperar y eso hice. Pero ya que estaba en uno de los templos de misterio y género de este país adquirí unas pocas novedades (bueno no tan pocas), entre ellas la antología de Ramón Díaz Eterovic Muchos gatos para un solo crimen reseñado por mi en esta web. También compré el ensayo Detectives y métodos en la novela policial: Pistas y evidencias de la verdad (2019) de varios coordinadores, entre ellos Ignacio Armada Manrique, detalle del que no me percaté hasta el momento de hacer esta crónica-reseña. Afortunadamente el 6 de febrero, Juan recibe el paquete devuelto por correos, y se ofrece a reenviarlo. Fin del misterio, no ha sido necesaria la intervención de Sherlock, del padre Brown, de Hércules Poirot o Miss Marpel, por ósmosis se resolvió; aquí no hay pastiche en ciernes. Por compartir los gastos del reenvío realizo un nuevo pedido que añadir al pedido perdido y encontrado (no es baladí el deseo de adquirir los libros solicitados en esta ocasión), que permita compartirlos entre ambas partes. Adquiero el cuarto volumen, el que cierra la cuatrología de El Joven Moriarty: Y la ciudad de las nubes de Sofía Rhei y a un viejo conocido, Ramón Díaz Eterovic y su El segundo deseo novela de la serie del detective Herida. Así el 14 de febrero de 2020 llegó a mis manos el libro de marras. Husmeando en las redes para documentar esta crónica sólo hay constancia de la presentación del libro en la Sala de Tesis de la Universidad CEU San Pablo, Madrid, de la que Ignacio es profesor de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Comunicación, sección Televisión y Cine, al día siguiente de la presentación en Librería Estudio Escarlata. Parece ser que se obsequió a los asistentes con un buen oporto y unas galletitas de mantequillas en forma de bigotes de Watson y lupa de Holmes. Unas delicias muy propias de una holmesiana navidad.

Entre unas cosas y las otras no me pude poner con la novela hasta el lunes 9 de marzo de 2020, tras acabar mi jornada laboral… y no me levante del sillón de lectura hasta que la acabé. ¡Qué disfrute! ¡Qué satisfacción! Yo de mayor quiero escribir como el bueno de Ignacio. Lamento destrozar la novela, si el lector es como estos jóvenes sensibles que todo les ofende; que abandonen instantáneamente la lectura de esta reseña y lean el libro o cualquier otro, luego cuando la lectura les haya madurado sigan… viviendo, que falta les hace. Volviendo a mi amor a primera vista con esta novela, reseñar que el texto empieza con ese tono sobrio y docto que Javier Casis sabe dar a sus pastiches, pero inmediatamente aparece, subterráneo, un fino humor británico. Dentro de este cuento navideño van apareciendo distintos temas que van subiendo el tono humorístico hasta llegar al epítome, al cual llegaremos.

Billy, Billy el botones es mi avatar canónico en la Asociación Círculo Holmes y mi ojito derecho. Pues el primero de estos hitos es nada menos que Billy, la resolución de su cuestión marca inequívocamente cuál va a ser el tono de la obra. La comida de navidad junta a los tres hermanos Holmes: Sherlock que la familia llama William, Mycroft y un sorpresivo Stuffock. Este pastiche es casi respetuoso con el canon interpretado por Baring-Gould (ese falso mesías) sin embargo relega al papel de hermanastro a Sherrinford. Stuffock se desvela como todo un hallazgo y la horma del zapato de sus petulantes hermanos: magnífico personaje al que se le reservan las mejores intervenciones muy al estilo de Oscar Wilde. La escena del pub a la hora del pago de las consumiciones con las múltiples monedas que conforman los medios de pagos legales en el imperio británico en 1903 es para este servidor, que interpreta la vida bajo el prisma de la economía (economicista que se viene llamando), un pequeño placer que extrañamente disfruto. Como botón de muestra, Ignacio remata esta cuestión con esta afirmación tomada de la página 61:

«—Una situación irresoluble. Monedas inglesas y pagadores escoceses. »

Ni que decir tiene que el anexo final sobre las equivalencias entre las distintas monedas de uso legal en 1903 se lo agradezco infinitamente a Ignacio y prometo dar un buen-mal uso de él, palabrita de holmesiano.

Entre finas bromas y bromas finas, Ignacio demuestra poseer no ya información, sino conocimiento (ese bien tan escaso hoy día), sobre la cuestión irlandesa al final del XIX y principios del XX y nos regala con un sesudo análisis que no desentona con el jocoso tono que va tomando la novela. Aparecen nuevos planteamientos como la herencia de los propios Holmes que será determinante en la parte final de la obra. Abundan tantos cameos holmesianos que estoy seguro que se me han escapado alguno, no negaré que me incomoda, pues anticipo la cara de tonto que se me quedaría si no los identifico todos, y como buen economicista toda expectativa futura me genera una reacción en el presente. No diré nada más al respecto, y evitar así que el lector pueda encontrarme fallos. Más vale callar y dejar dudas de si uno es imbécil, que hablar y no dejarlas.

Toda la obra está repleta de “pildorazos” que firmarían con gusto el muy querido para Ignacio, Chesterton. Un ejemplo en la página 80:

«Era un budín salado: el habitual con carcasa de sebo blando y bistec de res con riñones. Alguien comentó que antiguamente no llevaba riñones, sino ostras, porque era alimento de pobres, a lo que la señora Holmes precisó que así era siempre: los ricos se encaprichaban de las cosas de los pobres, y las convertían en lujos, de modo que los pobres terminaban accediendo a las de los ricos porque éstos las abandonaban. Un comentario, en el fondo, tan navideño y tradicional como la salsa gravy que nos pusieron, con su inevitable olor a vísceras borrachas. »

Esta es la primera obra de ficción que publica Ignacio. Tiene muchos artículos publicados en antologías de ensayos en los que es coordinador de varios de ellos. También es autor en solitario de monográficos relacionados con su actividad docente. Pero ahí no acaban sus intereses, pues actúa como periodista en varios medios nacionales y locales e incluso realiza trabajos para la denostada SGAE. Todo un hombre del renacimiento. En las solapas del libro se reconoce una aportación importantísima de Blanca Leonor Armada Kirkpatrick a la obra e incluso la reseña de la presentación en la Universidad CEU habla abiertamente de coautora. Sea pues este comentario reconocimiento a su coautoría no acreditada.

Y llegamos al caso, al crimen que resolver para que un pastiche sea eso: un pastiche. Y matan, medio matan, bueno como hace Jardiel Poncela en su genial e imprescindible Los 30 asesinatos y medio del Castillo de Hull de 1936. En el sentido que el asesinado no acaba de morirse y acaba recuperándose estupendamente. En la resolución de este crimen-no-crimen, el autor se viene arriba y adoptando el tono más jocoso posible describe de hilarante forma, las cada vez más descabelladas propuestas de resolución de un Holmes absolutamente jardielano[2]. En honor a la verdad el propio autor reconoce implícitamente el homenaje pues cita en el postfacio el pastiche de Jardiel. Es aquí donde nace mi duda, si no hay crimen que resolver no es un pastiche, sino un osmosis pastiche, pero como si lo hubo, aunque luego, no… entonces: lean en fechas navideñas este encantador entretenimiento.

[1] Sirvan estas líneas como compromiso firme de contar como llegó a mis manos un ejemplar de La Nave de Tomás Salvador (1959) publicado en 1973 por Plaza & Janés colección Reno.

[2] Lo sé bien, no en vano anda por ahí un ensayito titulado La resolución del acertijo en el Sherlock Holmes de Jardiel que lleva mi nombre, publicado en el Jezail Bulletin. Año XIX número 66, primer trimestre 2018 páginas 22 a 50. Una publicación del Círculo Holmes.