El retrato de Dorian Gray

«El retrato de Dorian Gray». Edición sin censura. Oscar Wilde. Traducción y prólogo de Victoria León. Reino de Cordelia.

 

Por Cristina de @abrirunlibro

La única novela de Oscar Wilde, el gran dramaturgo, articulista, creador de aforismos y poeta inglés, siempre ha sido polémica desde su mismo inicio. Publicada por primera vez en 1890 en Lippincott’s Monthly Magazine, fue incluso utilizada como prueba en el juicio en el que Wilde sería condenado por sodomía y a dos años de trabajos forzados en el penal de Reading en 1895 —demanda que interpondría el propio Oscar Wilde al padre de su amigo Alfred Douglas, ‘Bosie’, el marqués de Queensberry, por injurias. El juicio terminaría con el demandante acusado como delincuente sexual y condenado—.

El retrato de Dorian Gray nació por encargo en el histórico encuentro que tuvo lugar en el hotel Langham de Londres cuando Arthur Conan Doyle y Oscar Wilde se reunieron con el editor americano, Joseph Marshall Stoddart un 30 de agosto de 1889. De aquel encuentro nacería El signo de los cuatro, de Arthur Conan Doyle, y la novela que aquí se trata, El retrato de Dorian Gray por parte de Wilde —Oscar Wilde presentaría un cuento de fantasía a Stoddart pero sería rechazado. Posteriormente Wilde presentó El retrato de Dorian Gray que sí fue aceptado por el editor aunque con algunos cambios que se explicarán más adelante—. De aquella reunión en el hotel Langham, tendremos conocimiento en el libro Memorias y aventuras de Arthur Conan Doyle, donde el escritor describiría lo siguiente sobre Oscar Wilde:

«[…] Su conversación me dejó una huella imborrable. Sobresalía por encima de todos y, sin embargo, tenía el arte de parecer interesado por todo lo que decíamos. Me quedé prendado de su delicadeza y su tacto exquisito, pues el hombre monólogo, por muy inteligente que sea, nunca puede tener un corazón caballeroso. Recibía lo mismo que daba, pero lo que daba era extraordinario. Sus afirmaciones eran asombrosamente precisas y su humor especialmente delicado […].»

En el mismo libro hallaremos algún retazo de la correspondencia que mantuvieron Doyle y Wilde; pero en un último encuentro que mantuvieron años después los dos escritores, Doyle explicaría lo siguiente:

«¡Qué distinto de la exquisitez de antaño! Yo pensé entonces, y aún sigo pensándolo hoy, que el elemento monstruoso que acabó arruinando su vida era de orden patológico, y que era un hospital, y no una comisaría, el lugar idóneo para su tratamiento.» 

Placa conmemorativa del encuentro en el Hotel Langham entre Oscar Wilde , Arthur Conan Doyle y Joseph Marshall Stoddart.

Es bien conocido el doble rasero de la moral victoriana, repleta de contradicciones como bien ha quedado patente en la historia. Una sociedad victoriana donde la prostitución o el trabajo infantil convergían con el puritanismo más rancio en una sociedad que condenaba de manera furibunda la homosexualidad —es interesante conocer la dimensión de la homofobia en aquella época con “el escándalo de la calle Cleveland”, Londres 1889, un burdel homosexual en  el número 19 de Cleveland Street—. Y fue esa misma sociedad quien condenó y maldijo a uno de sus mejores escritores, Oscar Wilde. Un escritor de gran éxito hasta el encarcelamiento en Reading aunque antes ya había sido criticado duramente a causa de sus excentricidades y donde no era bien recibido en según qué sectores de la sociedad. De hecho, El retrato de Dorian Gray fue la gota que colmó el vaso de la ‘paciencia’ victoriana de entonces.  

La novela nos contará básicamente el encuentro y la posterior evolución de tres personajes, Basil Hallward, pintor, Dorian Gray, un joven hermoso e inocente que posa para él, y el noble lord Henry Wotton. Woton irá a visitar a Hallward y éste le explicará que está esperando a un amigo, Dorian Gray, para terminar el retrato que le está haciendo. Durante la conversación, Hallward manifestará la fascinación que siente por Dorian y el cambio que ha representado en su arte el conocerlo.

«Me volví, y vi a Dorian Gray por primera vez. Cuando nuestras miradas se encontraron, sentí que palidecía. Una curiosa intuición de terror se apoderó de mí. Sabía que tenía frente a frente a alguien tan cautivador que, si se lo permitía, podría absorber toda mi naturaleza, toda mi alma, hasta mi propio arte.»

[…]

«La mera presencia visible de este muchacho (pues a mí no me parece más que un muchacho, aunque en realidad pase de los veinte)… Su mera presencia visible… Ah, me pregunto si podrás comprender todo lo que esto significa. Inconscientemente, él define para mí las líneas de una nueva escuela, una escuela llamada a contener en sí toda la pasión del espíritu romántico, toda la perfección del espíritu griego. La armonía de alma y cuerpo (¡cuánto es!). Nosotros, en nuestra locura, los hemos separado y hemos inventado un realismo bestial y un idealismo vacío. ¡Harry! ¡Harry! ¡Si supieras lo que de verdad es Dorian Gray para mí!»

Dorian Gray se presentará en la casa de Hallward y aunque éste es reacio a que Wotton y Dorian se conozcan, finalmente cederá y pintará al muchacho con Wotton allí presente en la sala. Lord Henry Wotton, un hombre ingenioso y amoral que dispone de una gran retórica, explicará su visión sobre la belleza y la juventud y hablará de la importancia en la vida de disponer los dos atributos como Dorian, aunque también expresará con gran vehemencia que los atributos serán fugaces y perecederos. Dorian, asombrado por aquellos conceptos desconocidos, parecerá despertar como de una ensoñación y declarará, mientras posa para el pintor, su deseo de no envejecer nunca.

«Me haré viejo, y desagradable, y repulsivo. Pero este retrato seguirá siendo siempre joven. Nunca será más viejo que en este día de junio. ¡Ojalá fuera al revés! ¡Que yo pudiera ser siempre joven y el cuadro el que fuera envejeciendo! ¡Así es; no hay nada en el mundo que no diera a cambio!»

El gran personaje de El retrato de Dorian Gray es sin duda lord Henry Wotton. Un hombre que en el mismo momento en que conoce a Dorian decide forjar un nuevo Dorian Gray y pervertir su inocencia. Los alegatos que utiliza en sus monólogos, totalmente hedonistas, parecen encontrar tierra fértil en la mente aún ingenua de Dorian Gray. Y aunque será finalmente un libro, regalo de Wotton a Dorian, el que terminará por perfilar la nueva abyecta personalidad del muchacho, Wotton será la figura imprescindible para la trama de esta ficción —Oscar Wilde dejó dicho sobre sus personajes: «Basil Hallward es lo que creo ser; lord Henry Wotton, lo que el mundo cree que soy; Dorian Gray, lo que quizá me hubiera gustado ser en otro tiempo»—.

El retrato de Dorian Gray, para la primera edición de la Lippincott’s, fue editada por Stoddartd e hizo desaparecer referencias sobre la atracción aún más explícita que despertaba Dorian sobre Basil Hallward así como alusiones heterosexuales mal vistas en aquella severa época. Pero fue incluso el propio autor que para la aparición ya en libro en 1891 de El retrato de Dorian Gray, pulió comentarios, observaciones e incluso añadió capítulos —llegó hasta veinte de los trece originales—; también incorporó nuevos personajes. Todo ello para defenderse de las críticas de la sociedad victoriana sobre la inmoralidad de la novela, cosa que no evitó. De hecho, en el prefacio que agregó, puede encontrarse uno de los aforismos más conocidos del autor:

«No existen libros morales ni inmorales. Los libros están bien o mal escritos. Eso es todo.»

Todas las ediciones de El retrato de Dorian Gray que se habían publicado hasta ahora en castellano, es la edición extensa editada por Oscar Wilde. De hecho, he podido comprobar las diferencias entre una y otra gracias a una edición de Aguilar del año 1949 traducida por el gran glosador de la época que fue Julio Gómez de la Serna, hermano menor de Ramón Gómez de la Serna —uno de los pasajes omitidos es el libro que pervierte definitivamente a Dorian, Le secret de Raoul, del autor ficticio Catulle Sarrazin—. La edición que aquí se presenta es la edición de 2019 de Reino de Cordelia y que recupera el manuscrito original que Oscar Wilde presentó a Joseph Marshall Stoddart y sin el tijeretazo, o censura, de éste. La traducción corre a cargo de Victoria León y encontraremos un gran prólogo de la traductora sobre esta obra.

El retrato de Dorian Gray, considerada una novela inmoral entonces, puede valorarse como una parábola sobre los peligros de la falta de honradez y de la amenaza de entregarse al vicio; un novela que profundizará en la búsqueda del placer y de la voluptuosidad a través del mal; el libro también desarrollará el esteticismo en el arte así como el materialismo de la sociedad de la época.

Éste ha sido y será siempre, un gran libro porque «los libros, están bien escritos o mal escritos». No hay más. 

***

Oscar Wilde (Dublín, 1854 – París, 1900). Fue uno de los escritores más ingeniosos y populares de su tiempo. Brillante, mordaz, incisivo, elegante, cultivó la novela, el ensayo, el teatro, la poesía y el relato breve. En 1888 publicó El príncipe feliz y otros cuentos, su primer libro de relatos, y en 1890 apareció su única novela, El retrato de Dorian Gray, donde sobrepone la calidad artística a la estricta moral de la época victoriana. Tan solo un mes después apareció la primera parte de su ensayo El crítico como artista, titulada La importancia de no hacer nada, a la que seguiría La importancia de discutirlo todo. Su larga carrera de éxitos se interrumpió en 1895, cuando fue acusado de «indecencia grave» por mantener relaciones sexuales con Lord Alfred Douglas, hijo del marqués de Queensberry, lo que le costó dos años de trabajos forzados. Al salir de prisión, arruinado económica y espiritualmente, se retiró a Francia, en donde apenas recibió el consuelo de un puñado de amigos. El tiempo lo ha confirmado como uno de los maestros indiscutibles de la Literatura.