Archivos secretos de Sherlock Holmes

«Archivos secretos de Sherlock Holmes». VV. AA. Editorial Funambulista.

Por Cristina de @abrirunlibro

Son diversas las formas, colores y texturas que se le han dado a Sherlock Holmes en forma de pastiche —y también parodia—, desde que su autor, Arthur Conan Doyle, allá en 1887, nos diera a conocer al que sería el detective más carismático de la historia de la ficción.

Aunque existe la falsa creencia de que los pastiches —imitaciones o plagios—, surgieron en el momento en que el escritor decidió «matar» a su personaje en el relato El problema final (1893) —recogido posteriormente en la colección Las memorias de Sherlock Holmes—, lo cierto es que se tiene conocimiento de plagios desde el mismo año en que se publicó Estudio en escarlata. Por lo tanto, el pastiche no es exclusivamente una característica de «El Gran Hiato» —El Gran Hiato: período al que se denomina la interrupción de los relatos por la muerte de Sherlock Holmes en las cataratas de Reichenbach hasta su nueva aparición—. 

El período real en el que Conan Doyle dio descanso a su personaje fue de 10 años y sí es cierto que en ese tiempo fue donde aparecieron más pastiches imitando al detective. Aunque en 1901 Arthur Conan Doyle publicaría El sabueso de los Baskerville en una especie de precuela a lo Star Wars, el regreso oficial de Sherlock Holmes de entre los muertos no se produjo hasta 1903 con La casa deshabitada. En el momento de traerlo de vuelta en la ficción, serían solamente 3 años la diferencia en el papel entre desaparición y regreso —daría para escribir mucho más sobre El Gran Hiato y la «muerte» de Sherlock Holmes pero, quizás, en otro momento—.

En esta misma página se han reseñado pastiches contemporáneos aunque nunca se había hecho sobre imitaciones anteriores. Antes, pero, de hablar de la reciente publicación Archivos secretos de Sherlock Holmes por parte de la Editorial Funambulista, es necesario realizar una breve introducción sobre los antiguos pastiches que se recogen en esta nueva colección y saber cómo han ido llegado hasta nosotros.

De 1907 a 1911 en Alemania se dio a conocer en la revista Verlagshaus für Voksliteratur und Kunst, una saga de pastiches llamada Detectiv Sherlock Holmes und seine weltberühmten Abenteuer —El detective Sherlock Holmes y sus aventuras más famosas—. Una publicación semanal que sumaría un total de 230 historias donde un detective llamado Sherlock Holmes y su ayudante, otro sabueso, Harry Taxon, se dedicarían a resolver misterios. La autoría de estos relatos hasta hoy ha sido adjudicada siempre a Kurt Matull y Theo von Blankensee aunque se sospecha que fueron más los autores que escribieron estas historias por su irregular resultado. 

Los relatos tuvieron un sorprendente éxito a pesar de la enorme diferencia de calidad narrativa frente a los originales del Canon, y además fueron traducidos y publicados en infinidad de países. Diferían en varios aspectos con el auténtico ya que en su mayoría, las crónicas se encontraban ambientadas en un Londres poco o nada victoriano y con descripciones sobre lugares inexistentes que hubieran hecho sonrojar a cualquier londinense; se perdía la voz narrativa de Watson y se relataban por una voz omnisciente en tercera persona. Taxon, el ayudante, no disponía del carisma del entrañable doctor y las deducciones de Holmes, en su mayoría, provenían casi por intervención divina (no es literal), al no explicar en muchas ocasiones el por qué de dicha deducción ni cómo había llegado a la conclusión.  

La revista era un semanario popular barato con unas apetecibles ilustraciones de Alfred Roloff sobre los casos del nuevo Sherlock Holmes. Una publicación pulp canalla con acción a raudales, mucho suspense, damas infieles, matones pendencieros y pistolas y puñetazos. Y para acabar de redondearlo, el investigador vencedor era el famosísimo detective —poco o nada que ver esta revista con The Strand Magazine, lugar principal donde se dio a conocer Holmes y que disponía de autores de la talla de Margery Allingham, Rudyard Kipling o Dorothy L. Sayers entre otros—.

Ilustración de 'El vestido de la reina' de Alfred Roloff
Ilustración de Alfred Roloff en el relato  ‘El vestido de la reina’.

Pronto un editor en Alemania que disponía de los derechos sobre el Canon, denunció a la revista. Llegaron a un acuerdo y eliminaron el nombre de Sherlock Holmes que aparecía en la portada —sólo en el título y no en el interior por lo que el detective de las aventuras seguía siendo Sherlock Holmes—, y además recibió una compensación económica.

La saga llegó aquí a Barcelona de la mano de la editorial F. Granada es Fia y se publicó de 1909 hasta 1911 bajo el nombre de Memorias intimas del Rey de los Detectives para llamarse poco después Memorias intimas de Sherlock Holmes. Posteriormente, otra editorial, Povi, y también de Barcelona, en el año 1940 las publicó con el nombre Sherlock Holmes – Memorias intimas del Rey de los Detectives. En total son casi 200 pastiches los que suman las dos antologías y que hacen las delicias de coleccionistas holmesianos por las portadas tan características de novelita barata popular.

(Sobre el traductor belga que prefirió independizarse de Detectiv Sherlock Holmes und seine weltberühmten Abenteuer y crear su propio detective similar a Holmes, también publicado en España, se abordará en otro momento porque es una historia fascinante, tanto por la diversidad de géneros que acometió con su investigador como la propia vida del autor). 

Y por fin llego dónde quería llegar desde el principio y que no es otra cosa que comentar la nueva publicación por parte de Editorial Funambulista, que se ha atrevido a divulgar estas viejas aventuras de un Sherlock Holmes poco canónico. Bajo la edición de David Felipe Arranz y con la revisión de la traducción por parte de M. Lacruz, se incluyen también las buenas ilustraciones originales de Alfred Roloff. 

En la antología, que cuenta con cuatro relatos recogidos bajo el nombre de Archivos secretos de Sherlock Holmes, encontraremos a La hija del usurero, La Kodac traidora, El enigma de la casa de juegos y El vestido de la reina.

En La hija del usurero se desarrolla la historia del secuestro de Elisabeth Aberdeen, hija de un hombre acaudalado. La acusación del rapto recaerá sobre Lord Rochester, pretendiente de la muchacha. Sherlock Holmes, en el mismo juicio, hará pública su intuición sobre la inocencia del lord y se comprometerá ante el juez a demostrarlo antes de 72 horas. En este relato la vida de Harry Taxon correrá verdadero peligro a causa de unos maleantes y conoceremos los bajos fondos de la ciudad de Londres. En La Kodac traidora un hombre muere  en su despacho por un disparo. Lo que parece a simple vista un suicidio, Holmes intuirá que en realidad, se trata de un asesinato. La resolución vendrá de la mano de una fotografía y conoceremos a dos mujeres, hermanas, muy diferentes. En El enigma de la casa de juegos, nos trasladaremos a Montecarlo donde Holmes será requerido para evitar la muerte de un amigo llegando, desgraciadamente, demasiado tarde para un caso de habitación cerrada. Por último, en El vestido de la reina, fantasmas y sepulcros compondrán un ambiente gótico de misterio y muerte.

Las historias, en su mayoría, poco o nada tienen que ver con el rígido ambiente victoriano de la época sino que son más modernas al hablar más explícitamente de infidelidades, ludopatías o amantes —Arthur Conan Doyle aunque siempre denunció muchos de estos hechos incluso el del racismo o el maltrato, lo hizo de manera más perspicaz adaptándose a las formas convencionales de la época—. En las historias, la acción tiene mucho más peso que la aventura; la violencia, además, está más manifiesta. Por último, aquí el perfil de Sherlock Holmes es el de un hombre mucho más operativo que deductivo —el original, aunque disponía de mucha energía física, el desgaste cerebral junto con la observación, era prioritario—. 

¿Qué tenían, y tienen, estas historias que enganchan hoy todavía al lector? Pues precisamente, a mi entender, la acción continuada en un entretenimiento menos costumbrista y más canalla que rompe con el hábito clásico holmesiano. Prevalece la actividad junto con buenas dosis de intriga, quedando los diálogos en segundo término.

Y la gran pregunta es, ¿funcionan actualmente este tipo de historias? La respuesta para mí es un sí rotundo —y más teniendo en cuenta que ya conocía algún relato—; pero siempre que el lector sepa antes lo que está leyendo y que, sobre todo, sea capaz de bajarse al barro contextualizando el período y la función de divertimento para la que fueron escritas (quizás «bajarse al barro» no sea la mejor expresión pero sí es lo que quiero decir para que se entienda).

Archivos secretos de Sherlock Holmes es una excelente y audaz edición que ofrece la oportunidad de conocer los relatos de unas viejas revistas pulp que se vendían a 1 peseta a mediados del siglo pasado. Con una elaborada puesta en escena gracias a una cubierta costumbrista de Flavia Damiano pero con detalles que bien se merecen una investigación holmesiana, las ilustraciones, y la cuidada edición de Editorial Funambulista, me han hecho pasar un excelente momento de diversión y regocijo.