El Principito

«El Principito»

Por Liliana Souza.

«Pido perdón a los niños por haber dedicado este libro a una persona grande.»

Los chicos nunca comprarán, muchos ni siquiera elegirán, por sí solos un libro. Conviene entonces, para nosotros los adultos, saber que hay una obra para leer una vez, y luego otra vez y luego, otra vez más. Construida desde letras comunes, desde palabras y símbolos que alcanzan, con algo de astucia y mucho de emoción, un logrado y por demasiado tiempo, esperado libro. Porque sin la lectura, viviríamos meramente de lo inmediato. El Principito, es ese libro, una significativa parte de la historia de la lengua y de sus buenos usos.

«Tengo una seria excusa: esta persona grande es el mejor amigo que tengo en el mundo

El Principito es un libro que instala portales hacia otros territorios. Tiene la gracilidad de las alas extendidas de un ave. Publicado en abril de 1943, fue traducido a unos doscientos idiomas y dialectos, incluso en sistema braille. La primera traducción al español fue hecha por un argentino, Bonifacio del Carril, en 1951.

Sus protagonistas, un aviador y un niño rubio que vino a la Tierra desde su planeta, para generar un diálogo bajo un manto de fantasía, siempre al límite entre lo real y lo extraordinario. Su autor, parece escribir sin urgencia, como quien toma desprevenidamente un lápiz y anota las percepciones que le brotan en la cabeza, en el cuerpo, entre él y las cosas, entre él y el mundo.

«Tengo otra excusa: esta persona grande puede comprender todo; hasta los libros para niños.»

Hay que dejar paso a lo que pulsa por decirse, es el tercer libro más traducido de la historia, después de la Biblia y El capital, y fue elegido en 1999 como uno de los 100 mejores del siglo XX, convirtiéndose así, en un verdadero clásico. Al decir de Jorge Luis Borges, “de los diversos instrumentos inventados por el hombre, el más asombroso es el libro; todos los demás son extensiones de su cuerpo. Sólo el libro es una extensión de la imaginación y la memoria.” Tal vez por eso, El Principito, inaugura un amor mayor que el del mero interés literario, no acabando nunca de expresarnos, lo que tiene para expresarnos su autor, Antoine de Saint-Exupéry.

«Tengo una tercera excusa: esta persona grande vive en Francia, donde tiene hambre y frío. Tiene verdadera necesidad de consuelo.»

Este escritor tan singular, ha encontrado en las voces bajas los murmullos de la vida. Nacido en Lyon, Francia, un 29 de junio de 1900. Fue novelista y ensayista. También piloto. Su pasión por volar y las experiencias adquiridas, generaron una importante fuente de inspiración. A modo de paralelismo, a cada escala de su vida de piloto, le correspondió una etapa de su producción literaria. Al ser nombrado director de la Aeroposta Argentina, filial de la Aéropostale, tuvo que organizar la red de América Latina, lo que le permitió visitar nuestro país, vivir en él y conocer a Consuelo Soucín, su esposa. En la Segunda Guerra Mundial luchó con la aviación francesa y con la caída de Francia se dirigió a Nueva York. En 1943 pidió incorporarse a las fuerzas francesas en África del Norte. Durante una misión, un 31 de julio de 1944, a las 8:45 de la mañana, despegó sin armamentos y con una autonomía de vuelo de seis horas. Estaba previsto que regresara al mediodía. Nunca lo hizo. A las 14:30, su avión se dio por desaparecido en aguas del Mediterráneo. Antoine de Saint-Exupéry, resultan nombres hilvanados como puentes hacia otros sitios. Esos, que sólo empiezan a existir, o a perdurar, cuando se los nombra. A él, o a sus obras: “El aviador” en 1926; “Correo del Sur” en 1928; “Vuelo nocturno” en 1931; “Tierra de hombres” en 1939; “Piloto de guerra” en 1942; “El Principito” en 1943.

«Si todas estas excusas no fueran suficientes, quiero dedicar este libro al niño que esta persona grande fue en otro tiempo.»

El Principito es una fábula. O un libro considerado infantil. O un texto atemporal. En realidad, trata temas tan profundos que se abordan a lo largo de toda una vida. Anécdotas contundentes, probables o no, turbulentas, tan diversas que dan muestra de la solidez y originalidad de su autor, a quien le agradeceremos siempre, decorar los espejos con los mejores recuerdos de niñez, o la esperanza de hallar algún día ese mundo que él nos describió. Su verbo, habilita una dimensión donde la imaginación manda.

«Todas las personas grandes han sido niños antes. (Pero pocas lo recuerdan). Corrijo, pues mi dedicatoria: A León Werth, cuando era un niño.»

Los mismos libros que leímos en la infancia, retomados una y varias veces, se vuelven irrepetibles. Leídos desde otro lugar, con otra placidez, con otra inquietud y en un espacio de soledad que es un lugar inviolable. El eco de aquellas voces, lo que son capaces de evocar, aún tienen la capacidad de hacernos sentir menos solos. Conviene entonces, para nosotros los adultos, en este presente continuo, saber que hay una obra, El Principito, que permite infiltrarse en su historia jugando a todo o nada. Sostener los ojos de niño y el asombro. Una ocasión inmejorable para reencontrarse o extasiarse con esas estampas inconexas y solitarias. Ahí es donde se quiere estar, donde se quiere volver. Los chicos nunca comprarán, muchos ni siquiera elegirán, por sí solos un libro. Conviene entonces, para nosotros los adultos, ofrecerlo pues. Que ocurra, como sucede lo importante en la vida, de repente, y sin excusas.

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Liliana Souza nació en 1958,  en Avellaneda. Actualmente reside en Don Bosco, Quilmes, Pcia. Buenos Aires, Argentina y donde coordina un Taller Literario.

Como poeta obtuvo 19 primeros premios nacionales,  y  reconocimientos en España y EE.UU.

Sus trabajos se incluyen en antologías, diarios, revistas y sitios web. También en libros publicados en Méjico y España.

Difundió poesía editando los espacios “Quilmespoesía”,  “poemás”  y  “poemás o menos”,  con el auspicio de la Universidad Nacional de Quilmes y Biblioteca Pública José Manuel Estrada.

Colabora con Agenda del Sur, Diga 33,  Paloma y La palabra que sana,  escribiendo artículos sobre literatura.

En 2010 publicó “esa otra forma”.

En 2012 “cuarto de costura”.

En 2015 “la doliente”.