La mujer del bosque

«La mujer del bosque». John Connolly. Traducción de Vicente Campos. Tusquets Editores.

Por Cristina de @abrirunlibro

A la ya fama pretérita de la buena narrativa irlandesa —Oscar Wilde, Bram Stoker o Sheridan Le Fanu entre otros—, hay que sumar el gran grupo de escritores actuales como el elegante John Banville, la talentosa Edna O’Brien o de quien nos vamos a ocupar aquí, John Connolly. Un escritor generoso que ha sabido fusionar novela negra con fantástica para hablarnos sobre la existencia de otros mundos a través de su investigador Charlie Parker: un hombre duro que conoce en profundidad el mal y que habla con una hija muerta. 

La primavera ha llegado a Portland. En uno de los bosques del estado de Maine, y a causa de un corrimiento de tierra por el deshielo, la caída de un árbol dejará al descubierto entre sus raíces el cadáver de una mujer en posición fetal. Pronto averiguarán que la mujer murió cuando acababa de dar a luz pero no hay rastro de ningún niño enterrado con ella ni tampoco en los alrededores. En otro árbol próximo, una estrella de David se ha grabado en la corteza a modo de recuerdo. Moxie Castin, abogado judío, solicitará la ayuda de Charlie Parker para averiguar si el niño sigue vivo y dónde se encuentra. Pero Charlie Parker no será el único que iniciará la búsqueda. Una pareja compuesta por un hombre y una mujer y que irán dejando un rastro de sangre y muerte a su paso, necesitan algo que se encuentra muy cercano al niño. Algo terrible que puede despertar a los No-Dioses.   

La mujer del bosque es una atrayente novela donde la parte sobrenatural se articula a la perfección con la novela negra y la denuncia social gracias a introducir una interesante organización a lo ferrocarril subterráneo de ayuda a mujeres maltratadas. Sólo las veladas referencias a que pueda existir dicha estructura, cierra puertas a Charlie Parker que deberá utilizar todo su ascendiente para hablar con algunos de sus miembros. Así nos descubrirá el altruismo de algunas personas que socorren a mujeres que sufren violencia machista y que funciona al igual que hicieron en su día aquellos que ayudaron a escapar a esclavos afroamericanos —recomiendo el libro El ferrocarril subterráneo que se reseñó en catalán—. La crítica se encuentra muy marcada y dispondremos de una pequeña trama paralela que nos describirá el problema enquistado de la extrema derecha en los EUA y que acabará confluyendo con el asesinato de un policía y con la trama principal.

Si hay algo que siempre ha destacado en John Connolly es que nunca ha buscado una solución sobrenatural para las tramas sino que la resolución llega de la mano de otro equilibro que es el de la ley, injusta, de los vivos y nunca vendrá avalado por el equilibrio del bien y el mal inmaterial. El escritor, que cuenta con una gran generosidad para abordar las páginas necesarias para explicar aquello que nos quiere demostrar, seduce con una narrativa extensa y luminosa pero a la vez lo suficientemente contundente para acentuar el pensamiento y acciones.

«El niño se llamaba Daniel Weaver. Tenía cinco años y su rostro reflejaba ese tipo de gravedad que sólo se ve en los rasgos de los muy pequeños y los muy mayores. Sus ojos, bastante oscuros, no se apartaban de la mujer que tenía delante: Holly, su madre, aunque si hubieran estado separados el uno del otro, nadie que no los conociera los habría relacionado a simple vista. Ella era rubia y Daniel tenía la piel de ébano; ella, rubicunda, él, lánguido; ella, luminosa, frente a la oscuridad que desprendía él. Ella lo amaba —lo había amado desde el primer momento —, pero su temperamento, como el color de su piel, le resultaban ajenos. Un bebé cambiado al nacer, podría haber pensado alguien, dejado en la cuna mientras a su verdadero hijo —menos inquieto que éste, más cariñoso— se lo llevaban a morar en las profundidades de la tierra con seres más viejos, para que iluminara los huecos de sus cuerpos con su
espíritu».

John Connolly da a conocer a cada uno de los personajes de esta novela de forma detallada. Las descripciones de cada perfil con las características propias, no restará nunca acción a la trama sino que servirá para hacer una composición visual que el lector mantendrá a lo largo de toda la novela.

La mujer del bosque responde al vínculo que tan bien conocemos los seguidores de Charlie Parker, novela negra y novela sobrenatural de calidad y gran carácter —que es la distinción de este escritor católico-irlandés entre otros autores—. Un escritor que cuenta con legiones de admiradores y a los que recompensa, como ha ocurrido recientemente debido al Covid-19, con un nuevo Charlie Parker publicado en 64 entregas durante el confinamiento: The Sisters Strange. Traducido en cinco idiomas, español, francés, italiano, griego y búlgaro, pronto lo tendremos también en libro. 

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John Connolly (Dublín, 1968) estudió filología inglesa en el Trinity College y periodismo en la Dublin City University. Reside en Dublín, pero pasa parte del año en Estados Unidos, donde se desarrollan la mayoría de sus obras. Es autor de la novela Malvados, de los volúmenes de relatos de terror titulados Nocturnos y Música nocturna, y del bellísimo El libro de las cosas perdidas, así como de la serie de novelas policiacas protagonizadas por el detective Charlie Parker, formada por Todo lo que muere (Shamus Award 1999, finalista del Bram Stoker Award y del Barry Award 1999), El poder de las tinieblasPerfil asesinoEl camino blanco (Barry Award 2003), El ángel negroLos atormentadosLos Hombres de la GuadañaLos amantesVoces que susurranMás allá del espejoCuervosLa ira de los ángelesEl invierno del loboLa canción de las sombrasTiempos oscuros, El frío de la muerte y La mujer del bosque. Connolly fue el primer escritor no estadounidense en ganar el prestigioso Shamus Award.